El dolor como visión del mundo

Las dos Fridas
Una mujer mira la obra "Las dos Fridas". (Reuters)

El impacto que uno recibe cuando contempla Las dos Fridas, uno de los autorretratos más originales, pero también más doloridos de la historia del arte, es inolvidable. Un solo detalle revela todo el sufrimiento de esta artista: la sangre que corre sobre el vestido blanco de una de las dos figuras.

Para la doctora Alicia Kassian Rank, especialista de la Clínica del Dolor del Hospital General de México, cuando el dolor físico causado por una enfermedad o afección se transforma en "sufrimiento" –dolor emocional, "dolor del alma"-, las personas reaccionan de maneras contrastantes.

Hay gente, dice la doctora Kassian, que se deprime y se entrampa en un círculo vicioso de dolor físico –por ejemplo, debido a una lesión de la columna, como sucedió con Frida- y sufrimiento, que difícilmente superan sin ayuda profesional como un algólogo (especialista en dolor) y un psiquiatra o un psicoterapeuta.

El algólogo se encargará de manejar el dolor corporal; mientras que un psiquiatra o un psicoterapeuta, atenderán los desajustes emocionales causados por ese dolor en el paciente.

La doctora Kassian explica que además hay otras personas que superan el sufrimiento transformándolo en otra cosa. Y aquí volvemos a la pintora mexicana, que muy joven sufrió un accidente en tranvía y quedó severamente dañada de la columna para el resto de su vida. Frida Kahlo convirtió su sufrimiento en pinturas que están entre las mejores producciones artísticas que se han hecho alrededor del dolor físico y del emocional: acentuando sus emociones y padecimientos en diferentes retratos, acerca al espectador a la pesadumbre de vivir ambas experiencias.

Muy cerca de la técnica de Frida para "retratar" el dolor está Oswaldo Guayasamín, el pintor ecuatoriano más conocido internacionalmente, que en una serie de pinturas nombrada como El grito, concentra el dolor emocional en las expresiones faciales: como si vivir doliera. Es la sensación en casi toda la obra del ecuatoriano: el siglo XX con sus guerras, holocaustos y revoluciones, nos dejó el dolor de la existencia.

Aunque hay reacciones contrarias en la manifestación del sufrimiento. Tres ejemplos hermosísimos por sus logros como artistas fueron los franceses Toulouse-Lautrec y Henri Matisse y el holandés Vincent van Gogh.

Henri Matisse, a pesar del reumatismo que padeció en sus años más productivos, revolucionó la pintura llevando al extremo la expresión de color que ya había marcado antes Vincent van Gogh en sus cuadros. Ambos, con dolores extremos –Matisse por su enfermedad y Van Gogh por su frágil equilibrio mental- reflejaron en sus lienzos la intensidad y fuerza de los colores en cuadros que hoy son obras maestras del arte moderno.

Toulouse-Lautrec nació en una familia noble con prácticas endogámicas por generaciones. Sus padres, por mencionarlo, eran primos hermanos. Con ese antecedente, Toulouse-Lautrec siempre tuvo una salud deficiente y su constitución ósea era muy débil. Entre 1878 y 1879, sufrió dos fracturas en los fémures que ya no le permitieron crecer y su estatura no superó el metro y medio.

Todo este dramatismo, sin embargo, lo reflejó de otra manera en sus pinturas y carteles de la vida nocturna y galante del París del siglo XIX; temas aparentemente alegres que el genio del pequeño pintor dotaba de una inefable tristeza y a veces patetismo.

Para la doctora Kassian, ésta es la mejor manera de hacer que el sufrimiento que causa el dolor físico sea canalizado. Recuerda a una paciente que había quedado con la columna destrozada por un accidente. Viviría el resto de su vida con analgésicos para controlar el dolor, pero exorcizaba el sufrimiento a través de clases de música a niños que la hacían muy feliz.

Y el sufrimiento, en esos momentos, desaparecía.

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