Raúl Padilla recibe esta tarde condecoración de Caballero de la orden de la legión de Honor

Raúl Padilla, presidente de la Feria Internacional del Libro.
Raúl Padilla, presidente de la Feria Internacional del Libro. (Luz Vázquez)

Por  su difusión de la cultura escrita y audiovisual Raúl Padilla, recibe esta tarde en el paraninfo Enrique Díaz de León, la condecoración de Caballero de la orden de la legión de Honor de manos de la embajadora de Francia.

"Me motiva mucho", dice Raúl Padilla, sobre la distinción que recibirá este mediodía. “Me causa mucha satisfacción, al  venir de un país como Francia, cuyos valores han guiado mi vida profesional. Y ¿por qué no decirlo? Me causa mucho orgullo”. 

Mucho reconocimiento de fuera. Poco de aquí mismo. ¿Cómo valora las críticas que le hacen?

Siempre he respetado la crítica. Normalmente trato de prestarle atención. Y reviso mi actuación. Ahora, mucho tiene qué ver con que nadie es profeta en su tierra.  Y perdón, pero también tiene que ver con el tipo de actividades. Hay muchas ferias del libro en el país, aquí mismo en Jalisco, hay muchas ferias, la mayoría pequeñas, todas buenas. Difícilmente se encuentran críticas a algunas de ellas, pero si se trata de ésta, tienen mucha resonancia. Pero no me molestan. Algunas me parecen injustas. Además, mi desarrollo profesional ha estado marcado por la crítica. Es decir, yo he criticado mucho.

 

Muchas de esas críticas están ligadas a su figura personal. ¿Qué piensa de esta imagen suya que se ha engrandecido tanto?

Creo que soy menos de lo que mucha gente cree que soy yo, gente que me aprecia. Como también creo que no soy tan peor que lo que muchos de mis mal querientes piensan. He tenido el valor de iniciar muchos proyectos. Muy ambiciosos. Ahora, la mayoría de los proyectos no los he hecho solo. Mi labor ha sido en todo caso escoger gentes adecuadas para desarrollar los proyectos, y darle peso a las decisiones colectivas.

 

La presencia de Israel causó mucha incomodidad por las medidas inéditas de seguridad que se impusieron. Hay quienes ponen en duda lo acertado de invitarlo.

Creo que fue un acierto. He palpado inconformidades en torno a las medidas de seguridad, pero no son muy diferentes que otras que se han tomado con otras visitas.  Salvo las del primer día. Fue un acierto invitarlo porque esta es una feria cultural. Israel es un país con una gran cultura, con gran riqueza, por eso en la inauguración me permití dar algunos datos. Tiene 170 premios Nobel. Eso es una señal. No lo invitamos en razón del debate de la pugna histórica que ha tenido con los pueblos árabes. Lo invitamos por la fuerza de su literatura: Grossman, Oz, Keret. Por su fortaleza en las artes plásticas. La presencia del país invitado es al margen de los conflictos que tengan con otras naciones. En otro contexto, también vivimos la inconformidad que causó a algunos intelectuales la invitación  a Cuba, claro que también lo sopesamos. A los países se les invita por su fuerza cultural. No es una invitación política.

 

¿Cuál fue su inspiración para hacer una feria? ¿Por qué de libros?

Por el valor que desde que tengo uso de razón, le he dado a los libros como instrumento civilizador, como el principal vehículo de la cultura. Y no sólo yo.  Que mejor que una feria del libro para en torno a ella hacer una serie de actividades culturales. Es una feria del libro comercialmente exitosa, pero como ya lo calificó Vargas Llosa la Feria del libro es también un Festival literario. Pero también es un festival del pensamiento, de la Academia. Pocas veces en un año, o en lustros, se tiene oportunidad de presenciar diálogos culturales como el de Shimon Pérez y Felipe González. Y le voy a platicar la intima: el primer empleo que yo tuve, remunerado fue precisamente vendiendo libros.

 

¿Qué tipo de libros vendía?

Yo era vendedor de enciclopedias Aguilar. Y luego en cuanto terminé la carrera con unos compañeros en Filosofía y Letras, fundamos una librería, que como su nombre lo dice, era  quijotesca. Muchos tapatíos todavía se acuerdan del Centro cultural Don Quijote. Era más un Centro Cultural que una librería. Era modesta, especializada en ciencias sociales y literatura, pero que tenía un área para actividades eventos, exposiciones. Las primeras veces que Monsiváis, Elena Poniatowska, visitaron Guadalajara fue ahí. A partir de ese  centro cultural intentamos generar una transformación en la feria municipal de Guadalajara. Hacerla más profesional, más académica, con libros de más contenido, a precios módicos, no pudimos. Cuando tuvimos oportunidad de presentarle el proyecto al gobernador Enrique Álvarez del Castillo que era un gran lector, financió las dos primeras. Ese empuje inicial le permitió a la feria desarrollarse exitosamente  y a los pocos años ser autosuficiente. Con todas las cualidades que tiene puede incluso ser considerada una industria cultural: por la derrama económica que le deja a la ciudad, además de la derrama que le genera a los mismos editores.

 

¿Qué libros tiene en su mesa de noche? ¿Qué le gusta leer? ¿Le gusta la poesía?

Me gusta la poesía pero no soy ávido lector. Me gusta más la novela. Si usted me pregunta un libro, yo sí le podría decir varios.  Si me quedara con uno, es Víctor Hugo, Los Miserables. ¿Qué estoy leyendo ahora?  David Grossman que me parece portentoso.

 

 


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