Publicar mi antología fue como dejar venir una lápida encima: Huerta

David Huerta
David Huerta (Alejandra Pantoja)
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Feria Internacional del Libro de Guadalajara

(Alejandro Velazco) En poesía mezclar lo clásico con lo contemporáneo no es cosa sencilla, pero David Huerta (Ciudad de México, 1949) lo ha logrado de una manera ejemplar, dándole un lugar dentro de la poesía mexicana reconocido y reafirmado desde sus primeras publicaciones en 1972.

En este año, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el también ensayista, traductor y periodista, presenta bajo el sello del Fondo de Cultura Económica La mancha en el espejo, una compilación de 40 años de trabajo en dos tomos.

En estos ejemplares el lector puede encontrar todos los libros que el poeta ha publicado, algunos cuadernillos, además de textos que ha escrito para acompañar libros de artistas plásticos como Vicente Rojo, Miguel Castro Leñero, Günther Gerzso y Francisco Toledo.

Conversamos con David Huerta, uno de los poetas mexicanos más importantes en la actualidad.

Qué se siente cumplir cuatro décadas de hacer lo que le gusta y cómo ha evolucionado su forma de hacer poesía.

No es un solo sentimiento, una sola emoción, son emociones y sentimientos variados a lo largo del día, cuando me despierto digo, “¿cómo he podido llegar hasta acá? ¿Cómo he podido escribir tantas cuartillas?”; en otros momentos digo, “¡ha tenido sentido!”, en otros momentos digo “quién sabe si ha tenido sentido” y me lleno de dudas.

La decisión de publicar el libro fue un poquito difícil, porque yo sentía que publicar este libro era como dejar que se me viniera encima una lápida, pero en realidad es un momento llamativo porque son 40 años, desde 1972, por la fecha de publicación, en realidad son más, hay que tomar en cuenta que hay poemas, incluso escritos en la adolescencia.

Es interesante porque no sé si sea “evolución” la palabra, yo pienso que hubo una especie de liberación de ciertas rigideces, porque yo procedí un poco al revés de los poetas jóvenes. Los poetas jóvenes se quieren comer el mundo a puñados, quieren decirlo todo con muchas palabras, en cambio yo empecé muy formal, tratando de escribir de una manera muy seguida y muy sintética, era como un poeta viejito pero adelantado a los 16 o 18 años.

Lo que tú llamas evolución sería más bien como liberación, un soltarse en la escritura, de esos moldes rígidos que yo me había impuesto en mi juventud, en mi adolescencia, para convertirse en una poesía que incluso colinda a veces, o es fronteriza, con la prosa.

Conforme fui madurando o volviéndome viejo, mejor dicho, fui capaz de decir más cosas con mayor descaro, era un poquito timorato al principio, un poquito tímido o muy formal.

¿Alguna vez se imaginó ser homenajeado, que se publicara una antología de su poesía, ocupar un lugar importante en la cultura mexicana?

Jamás, jamás, yo crecí entre muchos escritores y periodistas, la escritura fue para mí casi natural, más adelante en un segundo momento descubrí la escritura literaria, la poesía, hubo un momento en el que tuve que decidir qué iba a hacer “¿voy a dedicarme a esto de veras?”, y lo he hecho, alternando las labores periodísticas con el magisterio, que tiene una parte más o menos profesional y una parte de afición, hacerlo por gusto, escribe uno por gusto.

Hace tiempo criticó a los nuevos poetas por sus excesos, uso de barbarismos, etcétera ¿cómo ve el panorama ahora?

Yo lo llamo cualquiercosismo, quién sabe dónde oyeron por ahí que se podía escribir una cosa que se llamaba verso libre, “ah pues a todo dar, así como hablo voy a escribir”, que hacerlo bien es enormemente difícil, porque hacerlo incluye que sepa más o menos escribir lo hace.

Los poetas jóvenes o los poetas bisoños piensan que pueden empezar a escribir en ese momento mismo, está muy bien, hay algo muy saludable en esa actitud de descaro, pero los poetas también tienen el equivalente que tienen los pintores cuando aprenden de perspectiva, de cómo representar un volumen y combinar colores, hay una equivalencia de aprendizaje en la poesía, al menos debe estar decorosamente redactado.

Siempre ha hecho una defensa férrea del presupuesto público para la cultura, ¿cómo se encuentra México en ese aspecto hoy en día?

Seguimos en eso, es una situación delicada porque ha habido amagos y amenazas de recortes presupuestales, que son muy graves, pero no van a matar la cultura, la van a debilitar. La cultura es de lo que está hecho este país, mejor dicho, aquello que permite que este país sea este país y no otro, es lo que nos da una cierta orientación, nuestra estrella polar.

Hace falta dinero para muchas cosas que tienen que ver con la cultura y hay que pelear porque se abran los presupuestos, que se distribuyan razonablemente, que se vigile su utilización. Yo tengo confianza en que el actual presidente del Conaculta, Rafael Tovar, siga adelante con sus planes, yo lo conozco poco, pero tengo la mejor impresión de él en el terreno de lo público, a veces tengo una impresión de que está dando una batalla un poquito sólo, un poquito aislado, convendría que se apoyara más en la comunidad artística.

Ojalá se liberen los presupuestos, aumenten y se distribuyan lo más sensatamente posible. Se han estrechado los espacios, es una situación grave pero tenemos que dar la pelea, por un lado por los presupuestos y por otro lado haciendo lo que sabemos, los pintores pintando, los bailarines haciendo coreografía, los escritores escribiendo.

Por ejemplo, en provincia yo veo a cada rato que surgen nuevas revistas literarias, casi milagroso, me parecen los héroes no reconocidos de la cultura mexicana, muchachos o profesores que echan a andar un proyecto con sus propios recursos, pese a todo, pese a los amagos, pese a las amenazas, porque mucha gente se queda sentada esperando a que le den el presupuesto, ellos ponen el recurso de su bolsillo, eso debería de avergonzar a nuestros funcionarios y a mí me da mucha esperanza.

Por esta defensa que ha hecho ¿Alguna vez pensó en adentrarse a la función pública? ¿se le invitó?

Sí me invitaron, pero no tengo ese talante, siento un enorme respeto por quienes hacen este trabajo con eficacia y honradez, lo digo sin ninguna ironía, siento un gran respeto por los servidores públicos honrados, y además he preferido mantener lo que, quizás un poco pomposamente, llamo mi independencia. A los que hay que darles cuentas es a los ciudadanos, porque a veces me cuestionan cómo soy independiente si he recibido becas, las becas no son del gobierno, el dinero es del pueblo, a los lectores que con su trabajo contribuyen es a los que les debemos rendir cuentas.

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