Dallas: el fantasma de John F. Kennedy (primera parte)

La ciudad nunca ha podido quitarse de encima el recuerdo del crimen.
La ciudad nunca ha podido quitarse de encima el recuerdo del crimen. (Especial)

Dallas nunca se restableció realmente. Desde hace cinco décadas, el nombre de la metrópoli texana está ligado al crimen de John Fitzgerald Kennedy (JFK) en la Plaza Dealey, el 22 de noviembre de 1963. Nadie blasfema de Memphis por el asesinato de Martin Luther King, en abril de 1968. Ni tampoco de Los Ángeles por la muerte de Robert Kennedy, abatido dos meses más tarde en el Hotel Ambassador. Pero Dallas sigue siendo la ciudad donde el presidente número 35 de EU fue matado en un clima de odio exacerbado —el cuarto asesinado en funciones. Y el "primero de la era nuclear", como destacó curiosamente el Sixth Floor Museum de Dallas, instalado en el lugar exacto donde Lee Harvey Oswald disparó sobre el cortejo presidencial a las 12:30 horas. El boletín del tiempo de ese 22 de noviembre había anunciado chubascos, pero el sol relucía. Luego de un recorrido de alto riesgo, la Lincoln descapotable apenas había acabado de pasar bajo el puente del ferrocarril para tomar la vía rápida en dirección del Trade Mart, el edificio de la feria comercial donde dos mil 600 invitados esperaban al presidente para un discurso de política exterior que nunca fue dicho.

El Sixth Floor Museum está en Elm Street, el barrio histórico de Dallas. Un nombre divertido, que no alude a JFK ni al atentado. Por mucho tiempo, la burguesía local buscó distanciar la ciudad —y el clima político de la época— del asesinato, como si evitar nombrar la tragedia pudiera hacer desaparecer el estigma. En 1972, el edificio, que era el depósito de libros escolares de Texas, donde Lee Harvey Oswald se hizo contratar un mes antes de la matanza, se salvó de ser destruido. Los notables de la ciudad dieron una cuota para financiar la demolición de ese lugar tan cargado de memoria. Pero el depósito se salvó gracias al alcalde, un ex periodista, aunque estuvo vacío mucho tiempo. Nadie tenía la intención de explotar lo que ha quedado como uno de los episodios más sombríos de la historia de EU. "Como el 11 de septiembre de 2001 —dice Carol Elliott, cuya familia, católica, se había desplazado para ver al presidente—, hay un antes y un después de ese día."

El 22 de noviembre era viernes. El país entero se aglutinó todo el fin de semana ante las pantallas de tv. Y el domingo los fieles escucharon de la boca de su pastor, en el púlpito, que el presunto asesino acababa de ser abatido a su vez por un mafioso, un tal Jack Ruby, en plena estación de policía. Se acabaron entonces las certezas triunfalistas de la segunda postguerra.

"Creíamos que Estados Unidos era a prueba de balas", recuerda el publicista Howard Goldthwaite. Como la mayoría de los escolares de entonces, él sufrió el shock de ver a los maestros llorar en plena clase. "Las monjas de la Iglesia católica encerraron a los niños en la capilla sin explicación, mientras ellas comenzaron a orar", narra Nancy George, documentalista de la Universidad Metodista del Sur. Los traumatizados del 22 de noviembre se quedaron obsesionados por el hecho.

El Sixth Floor Museum fue abierto por fin en 1989, 25 años después del asesinato, pero aún no es más que una "exposición". Dallas tenía entonces un millón de habitantes. Hoy, si incluimos a Fort Worth, es la cuarta aglomeración del país, una ciudad de congresos.

"A menudo, nuestros clientes piden ver el lugar donde Kennedy fue matado", dice Tom Hussey, que tiene una agencia de fotos. Plaza Dealey no ha cambiado. Más de 350 mil visitantes pasaron por ahí en 2012, lo que la hace el segundo sitio más turístico de Texas después de Fort Álamo.

El peregrinaje tiene sus etapas: la cruz marca el sitio exacto JFK fue alcanzado por la segunda bala. La tapia sobre la cual el sastre ruso Abraham Zapruder se encaramó para grabar la caravana en un filme de 26.6 segundos que daría la vuelta al mundo. Y el montículo de arbustos, conocido como el grassy knoll, de donde habría venido el otro disparo si es que los tiradores fueron, en efecto, dos. Es ahí donde los partidarios de la "conspiración", los que creen que Lee Harvey Oswald no actuó solo, se reúnen cada 22 de noviembre desde 1964, para rendir un minuto de silencio a la memoria de JFK.


| Siguiente >