Violetta VerdúTacones Cercanos
Recordar es volver a vivir
Hoy. En este justo momento, en algún rincón del mundo hay una chiquilla en plena adolescencia cuyas hormonas parecen la estampida de las hienas de El rey león. El día amenaza con desaparecer y conforme pasa el tiempo su corazón y pulso se aceleran, sus mejillas suben de color y su ansiedad aumenta. Se revisará en el espejo una y mil veces, cada detalle de su ser debe estar perfecto. Ella quiere ser perfecta. Sonríe sin motivo aparente, “quita esa cara de boba”, le dirá su madre al descubrirle la expresión .
¿Cuántos años tiene la solterona?
Cierto día un grupo de amigas llegamos a un baby shower. La mamá de la festejada (Yolanda, una señora divina que habita en mis recuerdos y corazón) nos recibió cariñosa y festiva, como era siempre. Todas las chicas que asistimos entusiasmadas a la fiesta de bienvenida de mi hoy ahijada, éramos más o menos de la misma edad. El punto es que entre la multitud de viejas, el entusiasmo, el ir y venir de regalos, personas y animadoras, la futura abuela se aventó la siguiente puntada, mientras nos decía una a una:
¿Cómo está eso de darse a desear?
Yo confieso, ante ustedes lectores, que a pesar de todos mis intentos he caído de nuevo en el pecado de juzgar. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran… ah no, momento. A ver, pensándolo bien, mi culpa radica en juzgar pero es que de veras… si algo me queda claro es que así que digan, qué santa soy, pues no. Y luego el “desatino” (ya lo he dicho: el mr. Hyde del destino) me pone cada personaje enfrente que acaba por crisparme los nervios.
Mi sensei cavernícola
–¡Hola, Violeta!, ¿cómo andas?
–¿Quién habla?
–Ramón, el amigo de Cristina.
Ramón, Ramón… ah sí. Ramón era amigo de Cristina, que resultó ser compañera de trabajo de una chica bastante seria, que tenía un primo chef, que era amigo de mi amiga Justine y fue en una cena donde lo conocí. Luego, claro, habíamos tenido una historia de sábanas y mezcal, pero hasta ahí. Y ahora, quién sabe cuánto tiempo después, me llamaba a mi casa.
–Ah, ya, ¿qué cuentas?
–Pues nada, quería ver si querías salir conmigo.
CONFESIONES DE UNA DAMA MALPORTADA
Para Yannick, esperando que nunca deje de aparecer en mis sueños.
PIDO DE ENTRADA UNA DISCULPA A TODOS LOS SEGUIDORES DE ESTE ESPACIO POR MI AUSENCIA; MAS ADELANTE PROCEDO A EXPLICAR EL MOTIVO DE LA MISMA CON LA PROMESA DE QUE ESTE RINCON DE CONFESIONES VOLVERA A CIRCULAR CON LA NORMALIDAD DE SIEMPRE.
“Pues me casé por bruta, si no ¿por qué habría de ser?”, le comenté hace tiempo a una señora joven que me miraba con los ojos muy abiertos, casi con miedo, como si esta servidora tuviera en vez de tripas, un panal de virus H1N1.
Los consejos de mis amigos...
(Y las respuestas que no me animé a darles)
Podré o no estar de acuerdo con ellos; podré o no aplicarlos, pero igual se los agradezco.
Cómo sobrevivir a una ruptura amorosa
¿Quién no ha pasado por esto? ¡Albricias! Después de tantos años haciéndonos la misma pregunta, por fin tengo un manual para saber cómo se sobrevive a esa sensación que es como tener un nido hirviente de abejas en el centro del pecho.
¿Qué dirían de mi, si supieran…
• Que alguna vez de mi vida fui tan insegura que dejé de ir a la escuela porque mi cabello era un desastre?
• Que llegué a ser tan autodestructiva que me rodeaba de gente que me hacía daño y que ingería alcohol por mil razones ajenas al placer de disfrutar una copa?
• Qué pasé una temporada tratando de comprarme la historia del matrimonio feliz, jugando a engañar a todos y yéndome a la cama noche a noche con un extraño al lado?
