Espejo de mudanzas

El cartujo se encierra a piedra y lodo en su humilde celda; nada ni nadie lo perturba, no escucha sino el suave pasar de las hojas de un libro tan gordo como deslumbrante y sus propios suspiros, inevitables conforme transcurre la lectura y surgen los recuerdos.

En defensa de la noche

El cartujo no duerme, o lo hace muy pocas veces. En la madrugada puede vérsele arrastrando la sotana por las calles de la Ciudad de México o de otros lugares a donde su corazón lo lleva. Camina, no corre, como aconseja la vieja canción de The Ventures.

Nostalgia compartida

Los golpes en el pecho cimbran al cartujo; el dolor es grande, pero la culpa más. Lamenta un olvido y la ingratitud implícita en él. Ha sido necio —como las vírgenes de la bíblica parábola— y se arrepiente y sufre; hace penitencia y pide perdón.

Las ciudades

Impaciente, en un rincón de El Gallo de Oro el cartujo espera a quienes Rafael Pérez Gay llama El Grupo, unos cuantos amigos unidos, entre otras cosas, por la querencia a la Ciudad de México.

Heterodoxias

Aterido, el cartujo mira despuntar el año. Tiene frío y está triste: el viernes lo despertó una mala noticia y la nostalgia se le vino encima, recordó a una hermosa mujer de ojos verdes y pródiga sonrisa, y un nudo se le atravesó en la garganta.

Los relámpagos de invierno

Por sus constantes peregrinaciones al norte del país, el cartujo se acostumbró al desierto y a la carne asada, a la franqueza implacable de la gente, a las risas sin freno, al afecto sin reservas, al bajo sexto y al acordeón y, desde luego, a las canciones del Piporro.

Historias de terror

En silencio, perturbado, triste, el cartujo camina de prisa. Quiere olvidar las imágenes terribles, las historias dramáticas, las ilusiones perdidas de quienes viven en una realidad salvaje. Quiere volver al monasterio, encerrarse en su celda, y olvidar. Pero no puede.

Acariciar lo imposible

Perseguido sin piedad por los demonios del insomnio, en la madrugada el cartujo abandona su pobre posada para salir al mundo de las sombras en una ciudad donde, como él, muchos otros desconocen el sueño y vagan de un lado para otro fraguando o protagonizando historias inimaginables.

Noches profanas

Nadie sale indemne de los recuerdos, de los zarpazos de la memoria. Menos aún cuando llegan como torrente con noticias, imágenes, reencuentros, canciones, cuando encueran al corazón y lo empujan al despeñadero de la nostalgia.