Anacrónicos

El cartujo se cubre la cara con las manos para ocultar su vergüenza, la condena de su anacronismo. Un evangelista de las nuevas tecnologías le explica las ventajas de MySpace, Facebook y Twitter, el privilegio de estar comunicado todo el tiempo con toda la gente, de formar parte de una comunidad virtual, pero él no entiende.

En memoria del fuego

Para Jorge Luis Espinosa,
un abrazo, siempre

Habla, memoria

A Ixchel Cordero Chavarría

Epístola al cartujo

Las voces interiores del cartujo lo llamaban a la prudencia. Las exteriores, al arrebato. Las segundas doblegaron a las primeras y en su hebdomadaria homilía el susodicho se hizo eco de imputaciones y reclamos contra la directora de Difusión de Bellas Artes, Paloma Ruiz.

«Tijuana Moods»

La música de Charles Mingus resuena en la insignificante celda del cartujo, llenándola de júbilo y recuerdos, también de tristeza. En la victrola gira Tijuana Moods y sus canciones devienen travesía por una ciudad de insospechadas virtudes.

Las damas del jurado

¡Bendito Dios! Los gritos del cartujo trascienden los muros del monasterio, recorren bosques y praderas y selvas y desiertos y ciudades pregonando la inquebrantable voluntad de quienes han decidido proscribir en el arte la indecencia, la imaginación descoyuntada, las flaquezas humanas.

Guardianes de la moral

El cartujo vuelve al monasterio con la música de Habib Koité & Bamada, donde se encuentran y funden los sonidos de nuevos y ancestrales instrumentos, donde la tradición es el punto de partida de una propuesta original y vanguardista.

Y Dios creó a la mujer

En el refectorio, el cartujo, precavido, mira a todos lados; lo tranquilizan la soledad y el silencio. Pero su corazón no se apacigua, menos aún cuando de la alacena toma una botella de vino para llenar una copa, alzarla al cielo y pronunciar un nombre: Brigitte Bardot.

Martirio en el confesionario

En el confesionario, el juicioso cartujo se pregunta: ¿quién diablos es María Isabel Quiñones Gutiérrez? A través de la rejilla su voz lo perturba, lo llena de dudas. ¿Cómo será?, insiste en sus íntimas dubitaciones mientras de lejos llega el sonido de un viejo bolero de la entrañable Emma Elena Valdelamar.

La Suave Patria

Vestido con los colores de la bandera: el hábito rojo, el cordón blanco, las sandalias verdes, el cartujo —una vez más— quebranta las normas de su orden y, con íntimo decoro, se asoma al mundo para atestiguar el tórrido festín de la patria.