Zancudos

No sé cómo les vaya a ustedes, pero si estoy en una habitación con diez personas, los zancudos perdonan a las otras nueve y a mí me envían a casa lleno de ronchas. Soy su banquete predilecto. Por eso sus peculiares zumbidos despiertan en mí reacciones cavernarias, con el desenlace esperable.

Pero ahora tengo un nuevo respeto por estos bichos. O más bien no: mi respeto es por la vida, que está llena de misterios y maravillas, y que nos enseña cada día que hasta las cosas más simples tienen una dosis de complejidad.

Galileo vuelve al Vaticano

El astrónomo italiano Galileo Galilei (1564-1642) ha sido siempre una piedra de gran tamaño en el zapato de la Iglesia. Y por más que el zapato sea rojo y parezca Prada (que no lo es), una piedra grande no deja de ser una lata.

El más reciente intento vaticano por zanjar el asunto es la realización en estos días del congreso que lleva un nombre kilométrico: “La ciencia, 400 años después de Galileo Galilei. El valor y la complejidad ética de la investigación tecnológico-científica contemporánea”.

La edad más allá de la edad

Hay algunas cosas bien sabidas por lo que se refiere a ese delicado tema de la edad. Para empezar, estaremos de acuerdo en que durante una cruda todos nos sentimos diez años más viejos (opinión que el espejo lamentablemente confirma). Pero además todos conocemos a personas mayores con el vigor de sementales, y a personas cuarentonas que parecen en el ocaso de su vida.

¿Será que en verdad uno es tan joven como se siente? ¿O existe alguna forma de medir la edad más allá del conteo de las hojas del calendario enviadas al cesto de la basura?

Pues con la novedad de que sí.

Los abismos educativos

En un reciente vuelo a Los Ángeles, me tocó la fortuna de ir sentado junto a un académico de la Universidad Autónoma Metropolitana que iba rumbo a Seúl, y después de las cortesías habituales, agarramos una plática de esas que arreglan el mundo.

Entre los chorrocientos tópicos que abordamos destacó sobre todo el de la educación, uno de los temas que para cualquier mexicano pensante son cruciales. Si tenemos algún futuro como país, ese futuro pasa forzosamente por la educación.

Adiós, llantas

Como enemigo jurado de las michelines, que parecen haber jurado no despegarse de mi antaño esbelta cintura, todo lo que aparece sobre cómo pegarle a la obesidad me da en pleno corazoncito, así que abrí bien los ojos cuando leí acerca de un compuesto llamado SRT1720, que a pesar de su horroroso nombre tiene propiedades de lo más interesantes.

Windows 7

El taxista preguntó si estaba pasando algo importante, porque todos los de su flotilla estaban en el aeropuerto. Le dije que estaba por comenzar un cónclave de desarrolladores. En otras palabras, en Los Ángeles temporalmente se hizo más densa la población geek. Uno de los directivos de Microsoft, la empresa anfitriona, resumió la atmósfera diciendo que el día anterior se fue de compras a Best Buy porque en cuanto cayera sobre la ciudad la nube de programadores, de seguro todas las tiendas de tecnología quedarían saqueadas.

Las neuronas aplacadas

Agradezco a los amigos que procuraron atenuar el dolor de mi alopecia argumentando que la calva se ve distinguida. Gracias a ellos, en vez de ser un simple pelón, puedo quizás conceptuarme como un pelón distinguido. ¡Hmmm!

La verdad es que sí me gustaría tener pelo, pero no es para tanto. Vaya, no me estoy rasgando las vestiduras porque me brille la coronilla. Si un día se inventa una píldora para pelones, quizás la tome, mientras no sea cosa de todos los días, que de ésas ya tomo bastantes.

¡Está pelón!

Pertenezco, involuntariamente, a esa porción de la humanidad que a partir de cierta edad tiende a perder las pilosidades de la parte superior de la cabeza en un patrón que semeja tonsura de franciscano. En otras palabras: me estoy quedando calvo.

No es de extrañar entonces que recibiera con una sonrisa apenas frenada por las orejas la novedad de que varios grupos de científicos encontraron ciertas variantes genéticas relacionadas con la calvicie.

Renovarse... o ir a la quiebra

En las últimas semanas, mientras participaba en un entusiasmado grupo de periodistas que aprendíamos a hablar (o mejor: a articular las palabras correctamente), tuve muchas ocasiones de reflexionar sobre la situación del periodista en general y del divulgador en particular.

Sorpresas te da el genoma

El genoma, esa curiosa colección de material microscópico que escribe en cuatro letras el libro de la vida, es uno de los ejemplos más elocuentes de que la vida es a la vez simple y compleja. Cuando creemos que ya le agarramos la onda, nos salen con alguna novedad que nos devuelve al primer cuadro, como si jugáramos a serpientes y escaleras.