Lecciones

Dijo el presidente Calderón que el caso de José Hernández, el astronauta de padres mexicanos, deja importantes lecciones que deberíamos aprovechar, sobre todo los chavos. Su ejemplo, dijo, "es una muestra de que con voluntad, con esfuerzo, con perseverancia, es posible llegar muy lejos y llegar muy alto".

¿Cuáles son las lecciones? El Presidente citó dos. "La primera, que sin preparación, sin una educación que nos dé las herramientas adecuadas, difícilmente podremos alcanzar nuestras metas".

La buena ciencia requiere más fondos

Qué paradoja. Mientras que expertos de todo el mundo congregados en la capital mexicana dan muestra del respeto que se tiene en el exterior por los investigadores nacionales, los dineros para la actividad científica están en peligro de seguir encogiéndose más allá de la ignominia.

Empecemos por lo malo, para terminar con una nota dulce. Estamos muy cerca de que los legisladores determinen el presupuesto federal para 2010, y como ha sido la norma histórica, la tijera quiere entrar duro a los fondos destinados para ciencia y tecnología.

Triple alianza mal bautizada

Batallaron pero se juntaron. Once instituciones variopintas decidieron unirse para alzar la voz en nombre de las necesidades de nuestro sector científico, y sostuvieron una encerrona con la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, encarnada en la mayestática figura del doctor Reyes Tamez Guerra, panalero titular de la misma.

Talento en Cambridge

Afuera llueve y el aire sopla frío. Pero dentro del aeropuerto Logan, en Boston, el ambiente es acogedor. Mientras espero el vuelo que me llevará a Houston antes de regresar a Monterrey, recapitulo los últimos tres días, tratando de digerir la información que he recogido conversando con más de una docena de personas.

Una semana para la ciencia

Sentado en las frescuras de Xalapa, estoy al cierre de mi segunda jornada dentro de la 16 Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, cuyo énfasis básico es llevar la ciencia a los niños de México.

Estoy en Xalapa porque uno de mis amigos, Heriberto Contreras, me invitó a participar impartiendo un taller sobre periodismo de ciencia. Así que llevo dos días hablando ante un auditorio que combina lo presencial con enlaces por televisión e internet.

La vacuna “imposible”

El avance rotundo del nuevo brote de influenza A/H1N1 en todas las latitudes es una realidad que ya nos habían anunciado los expertos y que felizmente parece no ser tan ominoso. Definitivamente el patógeno es tan pegajoso como cumbia colombiana, pero su peligrosidad de momento es limitada.

Limitada pero no trivial: muchas personas en el mundo pagarán con su vida nuestra falta de defensas naturales contra la configuración genética de este invasor, y todos esperan que la producción global de vacunas ayude a mitigar el impacto.

Capacitación que vale oro

Reconozco que soy parte de una especie en extinción: la de quienes comunicamos ciencia no a partir de una formación académica formal sino de la experiencia “lírica” (así le dicen) hija de ejercer el oficio durante más años de los que quisiera recordar.

¿Misión imposible?

Comunicar la ciencia siguiendo las reglas del periodismo es algo que tratamos de hacer en esta sección un día sí y otro también. Y hoy toca la duda otoñal: ¿será verdad que se puede comunicar la ciencia de un modo periodístico?

Cuando le externé mis dudas periódicas a un amigo bien enterado, sacó de su memoria de elefante media docena de reportajes espléndidos de The New York Times, de Time y de varios otros medios.

«Einstein», el apatosaurio

Stephen Jay Gould, todavía mi gurú estilístico en materia de ensayo, escribió en muchas ocasiones que su vocación científica, aunque pudo haber sido más temprana (porque su padre era un naturalista aficionado), tuvo su punto de inflexión a los cinco años, cuando Leonard Gould lo llevó al Museo Americano de Historia Natural. El pequeño enfrentó ahí la figura mayestática de un Tyrannosaurus rex, y en ese momento decidió que sería científico. Y lo fue: uno de los más importantes del mundo.

Dependencias

Soy de los primeros en gritar que México necesita con urgencia más inversión en ciencia y tecnología si queremos un día sacar nuestros apaleados esqueletos fuera del agujero donde nos han metido regímenes de varios colores, pero de la misma ralea, por décadas y décadas. En ese sentido, aplaudo las palabras del rector de la UNAM, José Narro Robles, que tanto en Morelia como en Monterrey insistió en esta necesidad recordando los patéticos montos que en los hechos se destinan a estos renglones tan esenciales.