Mujeres viven abandono de familias dentro del penal

A diferencia de los hombres recluidos en la penitenciaría, las mujeres viven la indiferencia no sólo de la sociedad sino también de sus familiares. 

Tijuana

Este martes, Tania cumplió uno de sus sueños, después de cuatro años de noviazgo se casó con el hombre que eligió para el resto de su vida, pero a diferencia de otras parejas, para estar juntos tendrán que esperar hasta que ella cumpla su condena por tráfico de droga.

Tania Gurrola, de 20 años, es una de las únicas dos reclusas que contrajeron matrimonio en una ceremonia colectiva, junto con otros 55 reos de la penitenciaría de La Mesa, en Tijuana.

Para ella, encontrar a un hombre que quisiera hacer una vida juntos, es invaluable.

"Para mí pues significa mucha valentía, porque pues no todo hombre quiere casarse en esta situación. La verdad lo respeto y se ha ganado todo mi amor por completo, todo mi amor y ni modo ahora tengo que echarle ganas por él y también por mi familia".

Su ahora esposo, Martín Fonseca -un año menor que ella-, le pidió matrimonio en una de las llamadas telefónicas que tienen para mantenerse en contacto, pues el reglamento del penal sólo permite la visita de familiares directos.

-La amo por eso más que nada estamos aquí.

-¿Tienen planes de tener hijos?

-Pues no sé, unos 20 si se puede.

La joven, quien apenas terminó la secundaria, asegura que para las mujeres la soledad es mucho más fuerte, en su caso, desde hace tres meses cuando entró a prisión, nadie la había visitado hasta hace una semana cuando vino su madre de Nayarit.

A Tania aún le restan 10 años en prisión, podrían ser menos si demuestra buena conducta, pero en ese tiempo, dice que sólo piensa en alejarse de lo que antes consideró tu trabajo: cruzar heroína hacia Estados Unidos.

El programa de matrimonios colectivos dentro de los penales de Baja California, inició desde hace una década, explica el subdirector del Sistema Penitenciario en el estado, Héctor Grijalva Tapia.

"Se da un fenómeno especial cuando están en reclusión que la población masculina siempre es atendida, no importa las filas, no importan los trámites que deben hacer, la mujer está aquí pendiente de ellos apoyándolos pero a la inversa no se da esa situación con las mujeres en reclusión, la mujer se distancia de la familia, no es visitada constantemente y el hombre no viene a visitarla".

Grijalva Tapia explicó que la intención de realizar los matrimonios de internos, es generar un sentido de vida fuera de las rejas que les motive a cambiar.