Ser pobre cuesta caro

Para algunas personas de escasos recursos económicos, los agiotistas pueden representar una solución; para salir de una emergencia solicitan préstamos que en ocasiones se convierten en impagables

Tijuana

"¿Dónde vives?", es la pregunta clave para que los prestamistas otorguen hasta 20 mil pesos a casi cualquier persona.

Perla es una “asesora” de préstamos, que antes de preguntar el nombre del solicitante, le hace la pregunta, según pudo constatar Milenio vía telefónica.

“¿Dónde reside actualmente, en qué colonia? ¿En dónde vives? ¿En qué parte? Es que hay una parte que no está autorizada", dijo.

Basta un número de celular plasmado en un cartel de colores llamativos, colocado en postes de luz en las esquinas o plazas comerciales, paredes de casas o comercios y hasta en los vidrios de vehículos, todo para atraer la atención de la gente que requiere un crédito.

A Carina, una joven de 19 años de edad, el ser pobre le salió caro. Consiguió un préstamo por 10 mil pesos, sin tener empleo.

Le apostó a pedir recursos, mismos que sigue sin poder liquidar después de dos años, debido a los intereses altos.

“Pues ocupaba dinero y era la única solución que miré en ese momento (pedir el préstamo). En ese momento no me pidieron ningún requisito, fue fácil que me lo dieran”, narra.

Una espera de 48 horas y el dinero estaba en un cheque que recibió después de proporcionar su información personal: teléfono particular y de trabajo, datos de la credencial del IFE y su firma.

No se le dificultó encontrar quién solucionara su urgencia. Sólo llamó a uno de los teléfonos que se anuncian en los carteles colocados en puntos estratégicos. Son prestamistas que podrían estar incurriendo en el agiotismo por los altos intereses que cobran.

Se dedican a ofrecer cantidades de miles de pesos a cambio de pocos requisitos, pero son cantidades que llegan a duplicarse, según explica uno de ellos.

“En algunos trámites (como desempleado) te pueden prestar 3 mil 600 pesos; tenemos que revisar tus condiciones y todo eso. Pueden ser de 3 mil 600 hasta 20 mil (pesos) en créditos de ocho meses hasta dos años”, detalla.

Ante la falta de un sustento económico e impulsados por la necesidad, la gente acepta que los intereses de préstamos solicitados a particulares sean altos y que en ocasiones pueden convertirse en impagables, explica el presidente de la Asociación de Egresados de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Fabián Soto Gálvez.

“A falta de empleo, la gente busca una opción para poder generar ingresos. Busca la opción que le ofrece la gente de préstamos de 2 mil, 3 mil, 4 mil pesos, dependiendo la necesidad, a cambio de algo: que tengas alguna propiedad, un vehículo o que dejes en garantía porque no tiene la gente con qué responder en cuanto a que no tiene empleo”, señala.

El que una financiera que se dice formal haya entregado dinero a Carina, como a cualquier otra persona desempleada, es ilegal, explica el abogado.

“No es legal que pidan lo que quieran (a cambio del préstamo) porque la ley te marca un interés a cobrar por año y no puede ser más arriba. Normalmente este tipo de situaciones a veces le ponen un interés demasiado alto, que es donde se aprovechan de la necesidad de la gente”, indica.

BC se encuentra entre los primeros 10 estados con mayor cifra de desempleo en el país, con una tasa de 5.58 por ciento.

No obstante, la falta de fuentes de trabajo no es un factor para que la gente se vea orillada a solicitar préstamos, en opinión del delegado de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Joaquín Palomera Ramírez.

“Yo creo que no es esa la causa, porque oferta de trabajo hay mucha, trabajo sí hay, probablemente no en el rubro, en el giro que nosotros quisiéramos pero sí hay empleo. Las personas deben hacer el esfuerzo por buscar opciones, por ir a la Secretaría del Trabajo, a la bolsa de trabajo”, argumenta.

Las cartulinas de colores fosforescentes se observan en colonias populares y zonas industriales; ahí acaparan la atención de la gente que, necesitada, está dispuesta a pagar más de lo que debe por un recurso casi inmediato que le ayude a resolver algún imprevisto.