Cambian los siete picos por el superhéroe de moda

Las posadas en la frontera con Estados Unidos incorporan elementos de todas las culturas que convergen en Baja California, creando un arcoíris de tradiciones único en México

Tijuana

En Tijuana, son pocas las celebraciones que incluyen las veladoras, canastas de papel, silbatos, luces de bengala, decoración con papel picado y fruta y nueces como cacahuates, mandarinas, limas, tejocotes o caña, elementos que conforman una posada según la tradición religiosa.

Las posadas en la frontera suelen limitarse a la entrega de comida y chocolate caliente para beber y al final el momento más esperado: romper la piñata, pero no de siete picos, sino de figuras de superhéroes, hadas, o el personaje de moda en el público infantil.

De todos colores, olores y sabores resultan las celebraciones decembrinas en Baja California, una entidad fronteriza en la que diariamente coinciden decenas de culturas de todo México.

En Tijuana, la ciudad que conforma junto a San Diego, California, la frontera más visitada del mundo, los romeritos, tamales, el bacalao, pozole y menudo se sustituyen por platillos preparados como panecillos con atún, jamón con queso y pasteles, que por lo general se adquieren en tiendas transnacionales.

El pavo, por ejemplo, tradicional en Estados Unidos, es el platillo que encabeza la cena navideña de muchas familias de la ciudad.

Con ello, las familias tijuanenses optan por un convivio en casa, así como acudir a bailes en salones, para celebrar las posadas navideñas, que de acuerdo a la tradición mexicana se celebran durante nueve días.

Sin filas para cantar al unísono los párrafos de la letanía, que habla de la peregrinación de María y José, en algunas colonias de la ciudad se acostumbra visitarse entre familias o entre vecinos y compartir platillos y bebidas.

La combinación cultural crea un arcoíris de tradiciones único en México y quienes lo conforman alzan la voz para hacer notar las diferencias respecto a su lugar de origen.

Con 20 años de residencia en Tijuana, Carmen se adaptó a las tradiciones de la ciudad fronteriza, que deja de lado peregrinaciones como en su natal Distrito Federal, platica con cierta melancolía.

"Aquí no las celebran, vengo de México y sí las celebran. Aquí la gente no conoce la tradición mexicana bien, bien (...) nueve días arrullando al niño (Jesús) de casa en casa pidiendo peregrinación: cantamos, bailamos, comemos, quebramos piñata, pero allá en México. Aquí no hay nada de eso", expresó.

Laura tiene dos años sin celebrar una posada tradicional, desde que llegó a Tijuana proveniente de Ciudad Obregón, Sonora.

Ahora, junto a su esposo intenta recuperar la tradición navideña que le dejó alegrías durante su niñez, en su lugar de origen. Con la melancolía en los ojos, recuerda aquellas fiestas decembrinas.

"Nos gustaría recobrar la tradición, es muy bonito recordar tu pueblo y las fiestas en diciembre", expresó.

En contraste, Carmen se encontró con un poblado que conserva la fiesta popular y desde hace 20 años que emigró a Tijuana se sintió identificada con la tradición.

Vecinos de Querétaro, Puebla, Guerrero y Chiapas, quienes habitan en una zona relativamente cerca al centro de Tijuana, se unen cada diciembre para planear la recreación de la celebración que recuerde sus orígenes.

Como parte de las posadas, todavía hay un sector de la población tijuanense que intenta seguir los pasos de una tradicional fiesta decembrina, como son los villancicos y romper piñatas de siete picos (en referencia a los siete pecados capitales), sobre todo los creyentes de la religión católica.

La mezcla de múltiples culturas en México intenta tomar forma en la población tijuanense, que crea sus propias tradiciones en una frontera donde la combinación de los elementos que conforman las posadas las hace únicas.