Entregan cadáver equivocado a familia en BC

Y aunque la tristeza por la pérdida se convirtió en alegría al saber viva a Ana Luisa, las complicaciones no terminan para una familia de Ciudad Juárez porque legalmente su hija está muerta
Semefo estrenará instalaciones
(Henry Saldaña)

Tijuana

A principios de enero pasado, don José Hernández y su esposa María Elena Hinojosa recibieron la mayor sorpresa de su vida: su hija Ana Luisa, a la que acababan de sepultar y cuyo cadáver recuperaron en Baja California, estaba viva.

"¿A quién sepulté? ¿Por quién lloramos toda la comunidad de San Francisco de Asís?"

"A la 1 y media o 2 de la tarde llegó (Lupita, una vecina) aquí a mi casa, y me dijo 'le traigo unas cartas de su hija', y le digo, '¡A'jijo! ¡No me diga eso! Yo acabo de sepultar a mi hija!'. Ahora ella (mi hija) me dice que le mande fotos para ver a sus hijos y que ella quiere quedarse allá y le digo, 'pero mija yo te enterré, te velé y te puse flores, mi amor'".

En diciembre, sin tener pruebas científicas de que se trataba de Ana Luisa, pero sí elementos que en ese momento fueron considerados como suficientes, la Procuraduría de Justicia de Baja California les entregó un cuerpo calcinado. Su madre dijo reconocerlo por características dentarias y el presunto homicida confesó que la había matado.

Enterraron el cuerpo de una hija que no era suya
Ana Luisa vivía con sus dos hijos y sus padres en Ciudad Juárez, Chihuahua, pero decidió irse a Mexicali, Baja California, con su ex pareja, José Miguel Castañeda, quien luego sería acusado de haberla asesinado.

En noviembre de 2013, Miguel les avisó por teléfono que Ana Luisa estaba muerta y que su cuerpo se hallaba en un "picadero" en Mexicali. Los padres reportaron la desaparición de su hija, y ese mismo mes la Procuraduría de Justicia bajacaliforniana les notificó que habían encontrado el cuerpo acuchillado y quemado por Miguel.

Ahí comenzó el calvario de José y María Elena. Él recuerda que viajaron a Mexicali y prefirió no entrar al Servicio Médico Forense (Semefo), donde tenían el cuerpo de quien se creía era su hija. Su esposa miró el cuerpo calcinado y confirmó: "cómo no la voy a reconocer, si es mi hija".

El cadáver fue trasladado a Ciudad Juárez. Ahí familiares y conocidos de Ana Luisa le lloraron, velaron y sepultaron.

El duelo continuó hasta enero, cuando una de sus vecinas les narró que había visto a su hija en un centro de rehabilitación en Tijuana y les entregó unas cartas; la incredulidad de que estaba viva se convirtió en certeza cuando Ana Luisa les habló por teléfono.

"Le digo a mi hija ahora: ¡no manches, es una impresión fuerte! ¡Ya te enterré, ya te velé y te puse flores, te lloré y ahora te sigo llorando!", expresó.

Y aunque la tristeza por la pérdida se convirtió en alegría al saberla viva, sus complicaciones no terminan porque legalmente su hija está muerta, dice María Elena.

"Ahora mi hija no existe, mi hija tiene un acta de defunción. ¿Cómo va a viajar ella de Mexicali aquí, si no tiene una identificación?", cuestionó.

PGJE identifica cuerpos sin resultados de ADN
El coordinador de la Subprocuraduría Contra la Delincuencia Organizada en el estado, Roberto Lozano, asegura que entregaron el cuerpo porque contaban con elementos para determinar que era Ana Luisa, aunque aún no tenían el resultado de los exámenes de genética que habían ordenado.

"Las pruebas en ese momento eran las suficientes para entregar el cuerpo. Teníamos documentales, testimoniales, la propia declaración de la madre; en ese momento era suficiente para haber devuelto el cuerpo. La naturaleza de los exámenes (de ADN) no son de inmediata respuesta, aparte que la mamá no estaba aquí en ese momento para hacerle la prueba genética, pero tanto al cuerpo como a la persona se los hicieron. Sin embargo, el resultado... digo, eso fue en noviembre y a la fecha no nos ha llegado", dijo.

Además del reconocimiento del cuerpo por parte de la madre, la Procuraduría tomó como elemento la confesión de José Miguel -ex pareja de Ana Luisa- de haberla asesinado, y también el testimonio de un taxista que llevó a la pareja al lugar donde se halló el cadáver.

"Tengo un homicidio y un homicida; el hecho de que no haya sido la persona que él creía que había asesinado o la persona con la que creía que se había comunicado, no significa que se haya acabado la investigación porque ésta tiene un cierre hasta mayo", comentó.

El director del Semefo en Baja California, Francisco Acuña Campa, justifica que fue el Ministerio Público quien giró la orden para liberar el cadáver, pues supuestamente ya había sido identificado, a pesar de estar totalmente calcinado.

"Estaba completamente calcinada, pero la historia ahí es que cuando se entregó el cuerpo, porque estaba, insisto, como no identificada, traía el oficio de liberación por parte del Ministerio Público. Ya que nosotros terminamos una necropsia o una necrocirugía, la persona responsable del cadáver tiene que ir al Ministerio Público a que se le otorgue el oficio de liberación del cuerpo", apuntó.

Ana Luisa se encuentra bajo el cuidado de la Procuraduría, recibió atención psicológica y espera reunirse pronto con su familia en Ciudad Juárez, pero el cadáver localizado en Mexicali y que fue trasladado hasta Chihuahua no ha sido identificado. Tampoco existe una orden para regresarlo a Mexicali porque dicen las autoridades que nadie lo ha reclamado.

Otros olvidados y cuerpos equivocados
El caso de Ana Luisa no es el único en su tipo que se ha registrado en Baja California. Elvira García, madre de dos adolescentes, ha buscado el cuerpo de su esposo durante cinco años. En dos ocasiones ha exhumado tumbas y el Semefo de Tijuana no ha podido ubicar la fosa común donde fue depositado cuando ella lo reportó como desaparecido.

"Yo digo que es indiferencia de las autoridades porque no soy la única, hay muchos casos y otros muchos peores. En mi caso fue el esposo pero otros fueron el padre, el hijo o el hermano", lamentó.

En el 2009, el Ministerio Público reportó como desconocidos los cuerpos de dos jóvenes que fueron encontrados en una cajuela, a pesar de que uno tenía antecedentes penales y hubiera sido identificado por las huellas dactilares, y de que el otro llevaba una credencial.

Sus familias tardaron nueve meses para encontrarlos en la fosa común.


*Con información de Luz del Carmen Sosa