Mujeres fronterizas, más vulnerables ante trastornos alimenticios

TJ encabeza la lista de municipios donde la mayoría de las mujeres incluye alimentos poco saludables en su dieta, convirtiendo a este sector en vulnerable a desarrollar desórdenes alimenticios

Tijuana

Con una jornada laboral que rebasa las ocho horas, para Ana Velásquez cada vez es más difícil mantener una vida saludable, que incluya una alimentación balanceada, acompañada de actividad física regular.

Pese a que conoce los riesgos de mantener hábitos alimenticios poco saludables, admite que ante la falta de tiempo para cocinar o mantener un horario fijo para comer, en la mayoría de las veces debe optar por la comida rápida, aunque por lo menos en las mañanas, intenta alimentarse mejor.

"Hay veces que por el trabajo que ya sabes que no se presta mucho para que te tomes tu tiempo, desafortunadamente optamos por la rapidez. Hay veces que aunque sea un panecito, de carrera, y sí nos olvidamos un poquito de lo sano. El desayuno, como regularmente es en mi casa, trato de que sí sea un poquito más sustancioso, regularmente por las mañanas trato de que sea un poquito más balanceado porque sé que en el transcurso de la tarde hay veces que ni siquiera como hasta que llego a cenar, no sé un cereal. pero ya hasta en la noche"

Ana es parte de las miles de mujeres que debido al acelerado ritmo de vida que se presenta en la región, mantienen conductas alimenticias que de no cambiarse cuanto a antes, podrían perjudicar gravemente su salud.

Y es que de acuerdo con la investigadora del Colegio de la Frontera Norte (Colef), Ietza Bojórquez, Tijuana encabeza la lista de municipios donde la mayoría de las mujeres consumen alimentos poco saludables como parte de su dieta, lo que convierte a este sector de la población en uno de los más vulnerables a padecer enfermedades crónico-degenerativas, y a desarrollar desórdenes alimenticios , como la anorexia y la bulimia.

"Tenemos como dos grandes tipos de conductas; unas son las que se relacionan con la obesidad.. son el consumo de alimentos muy ricos en calorías, que dan mucha energía pero que no tienen muchos nutrientes; que tienen mucha sal, que tienen mucha grasa. Pero también tenemos el otro lado de la moneda, que es el tipo de conductas, parecidas a la anorexia y bulimia o en el comer compulsivo, que son conductas que tienen más que ver con una situación de salud mental. Entonces en muchos casos esas dos cosas se combinan entonces, por ejemplo, muchas personas que tienen un malestar emocional, canalizan eso a través del comer"

De acuerdo a la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, por lo menos el 1.3 por ciento de la población adolescente en México registra un patrón de riesgo que lo llevaría a padecer un trastorno alimenticio.

Un 11.5 por ciento de los hombres tiene una preocupación constante por no engordar y en el caso de las mujeres, la obsesión por no subir de peso es del 19.7 por ciento. Sin embargo, la estadística local y nacional sobre estos padecimientos es escueta.

No obstante, muchas mujeres, conscientes de los riesgos de mantener una mala alimentación, han comenzado a tomar medidas para cambiar sus hábitos no sólo por cuestiones estéticas; como es el caso de Julieta Mesa, quien a sus 55 años sabe la importancia de mantenerse saludable para evitar enfermedades.

"No tengo diabetes ni hipertensión pero procuro prevenir...voy a cumplir 56 años, voy al gimnasio dos tres horas diarias, entonces procuro prevenir y hacer lo que está en mis manos para detener lo más que se pueda las enfermedades que estén por venir ya por los años y por los genes, pero procuro alimentarme bien"

Consideró que aunque las enfermedades crónico degenerativas se han convertido en un problema de salud pública en el país, aún existen prejuicios en la población en torno a mantener una dieta saludable.

"Todo mundo come de todo...a veces eres objeto de crítica 'otra vez verduras, otra vez ensalada, uy pues quieres volar, te quieres mantener flaca' lo que quiero es estar saludable y sentirme bien y tener energía"

Especialistas en salud coinciden en que la población que habita esta región fronteriza es más propensa a mantener hábitos alimenticios poco saludables; la cercanía con Estados Unidos genera un aumento en el consumo de alimentos con alto contenido calórico y de grasas saturadas, lo que aunado al acelerado ritmo de vida, que en ocasiones impide que se tengan horarios fijos para comer, así como la poca o nula actividad física, pueden ser los responsables de afectaciones graves a la salud.

Para la investigadora Bojórquez, esta situación se acentúa más en la población de escasos recursos, debido al aumento en el precio de productos, sobre todo aquellos incluidos en la canasta básica.

"Hay estudios que parecen mostrar que cuando las familias tienen menor ingreso, tienen a consumir alimentos menos saludables y, por ejemplo, dejan como de lado el adquirir frutas o verduras que son relativamente más caras, en cierto sentido"

Adelantó que el Colef prepara un estudio para conocer la relación entre las conductas alimenticias de las mujeres en la región fronteriza y el desarrollo de trastornos alimenticios y enfermedades crónico-degenerativas, el cual además de mostrar el panorama actual en este tema, también podría ser una herramienta para crear políticas públicas que atiendan las necesidades específicas de la localidad.