Muere inmigrante en otro caso de “balas por piedras” en la frontera

Agente de la Patrulla Fronteriza accionó un arma contra una persona que se encontraba con un grupo de indocumentados

San Diego

Un agente de la Patrulla Fronteriza abrió fuego y mató a un inmigrante indocumentado que presuntamente lo había atacado con una piedra.

Activistas condenan que la corporación siga usando fuerza letal contra quienes con estos recursos intentan evitar ser detenidos y deportados.

El incidente se registró cerca de las 7 de la mañana de este martes en las montañas de Otay Mesa a unas millas de la frontera con Tijuana, cuando un grupo de personas fue interceptado en su intento por llegar a Estados Unidos de manera ilegal.

El agente intentó detenerlos, cuando uno de ellos se resistió al arresto y le lanzó una piedra hacia la cabeza, por lo que reaccionó accionando su arma al "temer por su vida". El inmigrante murió en el lugar, mientras que el oficial sufrió heridas leves, informó el Departamento del Alguacil.

Dos personas de dicho grupo fueron detenidas, mientras que el resto huyó hacia México.

Gabriel Pacheco, líder sindical de la corporación, justificó que el agente actuó en defensa propia.

"En estos casos, se actúa a percepción del agente, pero todos los oficiales sabemos que al final del día, tenemos que hacer lo que sea necesario para volver a casa"

Señaló que todavía se desconocen detalles como el número de veces que el agente disparó el arma o cuántas personas se encontraban en el grupo, aunque indicó que se actuó en base a los protocolos de defensa.

"Él utilizará la fuerza que sea necesaria para realizar el arresto, salir de un área y regresar; a veces es lo que tienes que hacer, no sé dónde estaba el agente pero tal vez estaba presionado, no podía salir del área, tenía que reaccionar como lo hizo, de otro modo hubiera salido más lastimado"

El hecho ocurre en medio del debate sobre si agentes fronterizos deben utilizar la fuerza letal cuando son atacados con piedras.

A finales del año pasado, una auditoría externa realizada por el Foro de Investigación de la Policía Ejecutiva emitió recomendaciones en cuanto a su política de uso excesivo de fuerza donde se pide no utilizar balas en respuesta a agresiones con piedras.

El jefe de la Patrulla Fronteriza, Mike Fisher, calificó las normas propuestas en el reporte como "demasiado restrictivas", e insinuó que seguirán haciéndolo cuando los oficiales se sientan en peligro.

La Patrulla Fronteriza aseguró que se han incrementado en un 70 por ciento, los asaltos a sus oficiales registrados entre los años fiscales 2011 y 2012, al aumentar de 77 a 133 casos, aunque no se especifica a qué tipo de agresión se refiere.

En respuesta, el director del Comité de Amigos Americanos, Pedro Ríos, lamentó que se sigan registrando casos en que se quita la vida a inmigrantes que con piedras tratan de impedir ser arrestados y deportados.

"Otra vez, otro caso de balas contra piedras, me deja a mí muchas preguntas, acerca si el agente tenía otras opciones para no tener que usar la fuerza letal que resulte en la vida de un ser humano. Aquí lo que se tiene que esclarecer mediante una investigación, es si hubo otras opciones y decide no usarlas porque tiene el respaldo de la Patrulla Fronteriza"

Activistas denuncian la muerte de al menos 22 personas a manos de agentes fronterizos en los últimos cuatro años; todos ellos continúan en la impunidad.

Entre los casos que han generado mayor controversia, se encuentra la muerte del adolescente de 14 años Sergio Adrián Hernández , a quien en el 2010 un agente estadounidense le disparó en la cabeza en respuesta a una supuesta agresión con piedra, aun cuando el joven se encontraba en territorio mexicano, en Ciudad Juárez.

La auditoría realizada a la Patrulla Fronteriza se hizo en respuesta a una petición de legisladores norteamericanos luego de que se evidenció en dos videos que el inmigrante Anastasio Hernández murió a consecuencia de una golpiza y choques eléctricos que le propinaron al menos 12 agentes federales estadounidenses.

Dicho incidente, registrado en la frontera entre San Diego y Tijuana en el 2010, causó indignación en la comunidad al demostrarse que el mexicano no mostró resistencia.