Despega de Tijuana “vuelo migrante”

Un programa de traslado aéreo para migrantes y deportados ha permitido a más de 460 connacionales regresar a su ciudad natal en lo que va del 2013

Tijuana

Han pasado 17 años desde que Héctor Sánchez, de 33, dejó su natal Guerrero para perseguir el “sueño americano” que encontró en California.

El sueño se interrumpió hace seis meses cuando fue deportado por Tijuana; este martes, regresa a su ciudad natal para reconstruir su vida.

“Tengo 17 años viviendo aquí en San Diego, trabajando todo el tiempo ahí y aquí se me ha hecho difícil restablecerme en el trabajo por no contar con los papeles para acreditar que soy mexicano, que aunque no tenga papeles, soy mexicano y pues, la vida no se acabó, con mi sueño que se quedó allá, ¿no?...”, expresó.

Héctor Sánchez trabajaba en un mercado de San Diego, al sur de California y a unos minutos de Tijuana, pero por un problema de tránsito, autoridades norteamericanas detectaron que no tenía documentos para vivir en Estados Unidos.

Llegó a México sin identificación ni recursos para contactar a su familia. Tuvo que pasar algunas noches en "El Bordo" de la canalización del Río Tijuana, dormir en un campamento de migrantes donde se convive entre jeringas y drogas, hasta encontrar lugar en un albergue cercano a la malla fronteriza México-Estados Unidos.

Él es uno de los 4 mil 250 migrantes que son deportados a Tijuana cada mes desde que inició el 2013, es decir, 51 mil personas al finalizar este año, según estadísticas del Instituto Nacional de Migración (INM).

Después de seis meses y varios trabajos interrumpidos por la detención arbitraria de policías municipales (sólo por su aspecto y no tener una identificación oficial), Héctor Sánchez será apoyado por el albergue en el que pasa la noche desde hace varias semanas con un boleto de avión para volver a casa.

“Sí, pues un hijo se me quedó en San Diego y otro vive en Guerrero. Mi corazón está dividido pero las ganas de seguir adelante son las mismas para mí, seguir adelante y continuar mis estudios”, relata antes de partir a Guerrero y reencontrarse con su familia, a la que no ve desde hace 17 años.

Cuatro de cada diez de los 237 mil deportados de Estados Unidos a México, son entregados por Baja California.

La mayoría llega a Tijuana, sin dinero, identificaciones o ni siquiera dominar el español, por lo que son blanco de hostilidades por parte de autoridades que los señalan como responsables de delitos cometidos en la zona turística y comercial.

Según un estudio recién publicado por el Colegio de la Frontera Norte, la mayoría de los deportados son hombres, casi todos han vivido al menos una década en Estados Unidos, no tienen familia en la región y no cuentan con documentos de identificación, por lo que no encuentran trabajo formal.

La canalización del Río Tijuana, un canal de concreto de 2 kilómetros de extensión y que inicia en la valla fronteriza con Estados Unidos, ha sido adoptada como hogar por una población calculada entre 700 y 1 mil personas, de acuerdo al mismo estudio del Colef.

La mayoría fue deportada en algún momento y terminan presas de la adicción a la heroína y el cristal. Ahí viven en refugios improvisados con materiales de desecho, en túneles y hoyos conocidos como “ñongos” y alcantarillas.

Algunos tijuanenses incluso les apodan “los zombies”. Comen lo que les regalan o lo que alcanzan a comprar con lo que ganan limpiando carros, descargando camiones de fruta o pidiendo limosna.

La mayoría también (61 por ciento) preferiría regresar a su lugar de origen, pero mientras tanto se apoyan en lugares como el Desayunador del Padre Chava, que provee dos comidas diarias a más de 1 mil 200 migrantes y cuyo director, Ernesto Hernández, insiste en la urgencia de trasladarlos lejos de esta frontera.

“Desgraciadamente uno de los factores que más afecta al migrante es esta situación de la ciudad, donde por su aspecto o falta de una credencial o documento de identidad son detenidos por la Policía o en la ignorancia de no conocer los lugares seguros, a veces deambulan y son asaltados o golpeados…", explicó.

El diagnóstico del Colef señala que casi todos (93.5 por ciento) los deportados que viven en la canalización del Río Tijuana han sido detenidos alguna vez por la Policía Municipal.

Denuncian que son detenidos un promedio de una vez por semana. ¿Las causas? No portar un documento de identificación o simplemente “mal aspecto”.

El propio Héctor Sánchez refiere que en otra ocasión ya había conseguido un apoyo para regresar a su natal Guerrero en camión. Un día antes de su partida, la Policía Municipal lo detuvo por caminar en la vía pública y mientras discutía con el juez municipal, perdió el viaje.

“La verdad, buenas pocas; impresiones malas del gobierno es lo que me está llevando para abajo, pero la vida sigue y no por el gobierno voy a echar a perder mi vida…pero sí pido más ayuda y la verdad, darle más estudios a los policías municipales porque lamentablemente, tienen que hacer su trabajo y no hacen lo que deberían de hacer", lamentó.

Aunque el alcalde de Tijuana, el priista Carlos Bustamante, desestimó el estudio del Colef, sí reconoce que esta situación es un foco rojo en la ciudad, por lo que ha destinado recursos para que un grupo selecto (apenas el 1 por ciento del total de deportados) pueda volver a su lugar de origen en avión.

Este programa de traslado aéreo inició a principios de 2013 en la Comisión de Asuntos Fronterizos del Ayuntamiento y a la fecha ha trasladado de manera gratuita a cerca de 460 personas al interior del país.

El avión que despega este martes con 10 connacionales deportados a bordo podría ser el último “vuelo migrante” que sale de Tijuana, pues el convenio entre Ayuntamiento y la aerolínea que da el servicio concluye en un mes, con la salida de la actual administración.