Bienvenidos al Circo Matsebah, al circo de la libertad

En la penitenciaría de El Hongo, 80 reos actúan en lo que ellos llaman “la mayor presentación de su vida” y montan un circo

Tijuana

Se abre el telón y detrás, un hombre vestido de traje con una batuta en la mano izquierda y un micrófono en la derecha da la bienvenida a los asistentes al Circo Matsebah. Las telas de múltiples colores que forman la carpa hacen que por un momento uno se olvide que está dentro de una prisión.

En la penitenciaría de mediana seguridad de El Hongo, ubicada en un poblado que lleva el mismo nombre en Tecate, 80 reos que en su mayoría purgan sentencias mayores a los 15 años, actúan en lo que ellos llaman “la mayor presentación de su vida” y montan un circo, construyen la escenografía y confeccionan su vestuario, para interpretar desde animales feroces, malabaristas hasta payasos.

Dentro de la carpa, elaborada por los internos con papel térmico color naranja, azul y plateado, alrededor de 150 personas, entre visitantes y compañeros, pueden ver su transformación. Lo han hecho desde 2011 cuando realizaron su primera participación bajo una lona de plástico, en un pequeño escenario de madera astillada.

El color gris con anaranjado opaco, casi muerto, de los edificios de la prisión, quedó tapizado por figuras: flores, mariposas, diamantina dispersa en el aire llena de colores brillantes.

El nombre del circo, Matsebah, fue elegido por los internos porque en hebreo significa libertad.

[b]Que comience la función: ¡bienvenidos al mejor espectáculo de circo, maroma y teatro! [/b]

Para iniciar el show, una cortina negra esconde parte del escenario donde un grupo de internos que integran una banda musical, entonan la canción que escribieron. De los músicos, algunos tienen sentencias mayores a su edad. Joel Ramírez es el trompetista. Tiene 27 años, lleva 6 en prisión y pasará otros 20 por haber asesinado a tiros a un hombre en una pelea de barrio.

Joel dice que estar dentro de una cárcel es durísimo. Todos los días siente que se le escapa la vida, pero ha encontrado que la música cura a la gente. Cuando infla los pulmones y sopla con todas sus fuerzas la trompeta, para él es como sentirse en libertad.

Juan Carlos, condenado a 19 años por homicidio, es el presentador y por hoy cambia sus eternos pantalones deportivos grises por un traje de gala color negro, un sombrero de copa, un bastón en la mano y hasta una improvisada barba pintada con acuarelas.

“¡Comenzamos!”, lanza sin pausa para tomar aire. “¡Muy buenos días tengan todos ustedes, sean todos bienvenidos nuevamente al mejor espectáculo de circo, maroma y teatro!”

Su delgada figura, que no rebasa el metro y medio, engaña a la gente, porque mientras camina sobre el escenario, grita fuerte y se impone al público. Su excelente dicción esconde su más grande secreto, que de niño lo convirtió en objeto de burla: Juan Carlos es tartamudo.

Antes de entrar a prisión soñaba con estar frente al telón, pero fue hasta que ingresó cuando debutó.

“Cuando hay eventos y que estoy antes de salir a escena, en ese momento no estoy aquí, estoy afuera y estoy en un escenario grande. Cuando salgo, ahorita me puse nervioso y me puso a temblar la mano, pero ese momento es único, no estoy en la cárcel, no sé dónde, son poquitos momentos, pueden ser minutos pero… estoy afuera”, expresó.

Inicia la función y el primero en entrar en acción es Tauros, “el mejor domador del mundo”. Con él entran Sansón, Zeus, Hércules y Tito, cuatro feroces leones, personificados por internos que usan un disfraz del peligroso animal confeccionado por sus compañeros del taller de costura.

A Tauros le siguen ¡los grandiosos y espectaculares hermanos Rendón Rendón! Un grupo de hombres que no rebasan los 25 años de edad y de buena figura, una que les permite montarse sobre tablas de madera encima de pelotas en movimiento, sin perder el equilibrio ni romperse una pierna.

Se cierra el telón. La gente aplaude y pide más. Se abren nuevamente las cortinas y al escenario se integra Joaquín Velázquez. Tiene 39 años de edad y fue sentenciado a 36 años y 9 meses en prisión por haber secuestrado a un hombre; ahora es un payaso.

“Cuando me quito la película y el maquillaje, en realidad somos puras personas. Ya está entrando la emoción y está entrando El Cebollita en acción. Pero en realidad estamos aquí a tu alrededor y no es una prisión. Ahorita estamos allá... en el Caesars Palace o no sé, el Cirque du Soleil, haciendo la presentación para mis compañeros. Es algo bien emocionante, es muy maravilloso para nosotros”, comentó.

Su cuerpo es alto, pero el traje color amarillo chillón y bombacho no deja distinguir su complexión ni los tatuajes en ambos brazos. Apenas unas rayas se le escapan de las mangas largas y los holanes. Una peluca de colores esconde el cabello a rapa, como el de la mayoría de los internos, porque así lo exige el reglamento de la cárcel.

[b]Un mara salvatrucha con vocación circense [/b]

Jesús López Santiago, coordinador del área de Psicología de El Hongo, recuerda 2011. Apenas planeaba la presentación del Festival de la Libertad, un proyecto que organizó para los internos. La falta de recursos lo orilló a improvisar unas cuantas actividades culturales: una coreografía por aquí y un concierto por allá. No más.

“¿Qué sabes hacer? ¿Qué te gustaría hacer? ¿Qué hacias afuera? Era ir por las cosas que a ellos les interesaban, que los hacían sentir bien, que llegaste a esta condición y ya no lo practicas. Te hablo de pandilleros, que dentro de lo que era su pandilla tenían liderazgo, mal comportamiento. A lo mejor aquí es válida decir la expresión que hizo un oficial de seguridad y custodia ‘es gente que años atrás no dábamos un peso por ellos’ pensando en que no iban a cambiar”, mencionó.

“Medidas desesperadas para situaciones desesperadas”, pensó, y por varios días buscó entre los internos y custodios candidatos para los actos. En uno de los pasillos, alguien le sugirió a “El Mara”.

Un salvadoreño con una sentencia de 47 años, considerado como uno de los reos de mayor peligro y que fue reclutado desde chico por La Mara Salvatrucha, fue su salvación. El secreto escondido por años era que antes de convertirse en sicario, trabajó en un circo. Su talento: los malabares y las acrobacias.

“¡Él no, él no!”, le advirtió en ese momento el director del penal. “¡Los va a dejar escapar a todos!”, le dijo. Pero no escaparon ni se amotinaron, como lo habían predicho.

Por cinco meses, los internos se prepararon bajo el mando del ex pandillero centroamericano.

“Se involucraron con el proyecto”, afirma López Santiago, para quien el objetivo principal en ese entonces era buscarles un sentido de vida dentro de la prisión.

[b]Música que inspira y que transforma [/b]

“La cara pintada de colores y en la mano un violín, que sonaba más o menos pero hacía reír (...) y el caso es que en el fondo era un infeliz”, dice la letra de la canción que interpreta Marcos Vidal y que inspiró a los internos para componer su música y crear la mayoría de los actos para el show.

La encargada del área de Criminología de El Hongo, Elizabeth Villalaz, asegura que la participación de los internos en este proyecto no sólo impacta en su vida, sino también en la de su familia.

“Lo importante para mí es que ellos trascienden e impactan a sus familias. Yo creo que ese es su mejor reconocimiento, cuando sus hijos les dicen ‘¡papi, eres el mejor actor!’, cuando las mamás lloran por verlos actuar. Ahí es cuando ellos realmente se dan cuenta del impacto que tiene. Para mí eso es lo importante porque ellos trascienden, esto no se queda aquí”, expresó.

Jorge Alfredo Martínez, profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) en Mexicali, realizó un documental de El Circo de la penitenciaría, que de finalizar a tiempo podría ser una de las obras presentadas en certámenes como el Festival de Cine Internacional de Morelia.