Arquidiócesis de Tijuana resalta labor de Madre Antonia

"La vida es para vivirla, y la mejor forma de vivirla es (sirviendo) a otra gente”, expuso la Madre Antonia en diciembre pasado
La noche del 14 de septiembre del 2010, la Madre Antonia se presentó en la Penitenciaría de La Mesa en Tijuana, donde ocurría un motín
La noche del 14 de septiembre del 2010, la Madre Antonia se presentó en la Penitenciaría de La Mesa en Tijuana, donde ocurría un motín (Julieta Martínez)

Tijuana

A través de un comunicado, la Arquidiócesis de Tijuana informa que la Madre Antonia Brenner falleció esta mañana a las 7:30 horas, a sus 86 años de edad.

Nació en Los Ángeles, California, Estados Unidos el 1 de diciembre de 1926, y desde hace más de 30 años ofrendó su vida a los internos de la Penitenciaría de Tijuana, a quienes llamaba sus hijos, dice el texto.

“En la misa podemos tomar en nuestros corazones la verdad, y debemos correr para la misa, porque la misa es la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo, y la más feliz hora de todas mis horas es la hora de la misa. Y es mi alegría. Siempre yo paso los viacrucis pensando en mis hijos y estoy feliz. ¿Que hora es la mejor hora del día? La hora de la misa. Yo tengo problemas en mi garganta y no puedo comer regular, pero yo puedo tomar la sangre de Cristo cada día”, expresó en diciembre pasado.

Llegó a Tijuana el 19 de marzo de 1977, un año después de haber pronunciado sus primeros votos con las hermanas de Nuestra Señora de la Caridad de San Juan Eudes.

“Y Dios puso en nosotros un deseo para vivir, por eso yo no pienso en la muerte porque la vida está aquí. La vida es para vivirla, y la mejor forma de vivirla es (sirviendo) a otra gente”, expuso la Madre Antonia en la misma entrevista.

El 25 de marzo de 1998, en la Arquidiócesis de Tijuana, fundó la congregación religiosa Siervas de la Undécima Hora de San Juan Eudes, donde mujeres mayores de edad consagran su vida al servicio de los presos y atención a sus familiares y mujeres enfermas.

“En todos los años en la penitenciaría no encontré a ningún hombre o a ninguna mujer que no quisiera. Nunca hubo uno que yo pensara ‘qué feo, qué malo’. Dios me dio un regalo muy, muy grande. Yo no sé porque yo tenía esa bendición de amor por los presos. No son presos para mí. Son mis hijos, y yo los amo como a mi propia familia. Yo vivo por ellos y voy a morir por ellos”, expresó la religiosa al recibir un homenaje por 35 años de servicio en la Penitenciaría.

“Yo soy muy amada en Tijuana. ¡Gracias Tijuana! Que me aceptó y me quieren. Los tijuanenses me quieren. Me tratan bien y con amor. Tienen amor para mí, y mis hijos en la penitenciaría me quieren mucho y yo a ellos”, dijo la Madre Antonia en esa misma entrevista.