REPORTAJE | POR MARIANA MARTÍNEZ

Amor de cuatro horas

San Valentín con servicio al cuarto

Cuando los chocolates, corazones, flores o cartas no alcanzan para romper con la rutina de pareja, un motel en Tijuana podría ser lo que reavive la llama del amor este San Valentín

Motel
Motel (Cortesía)

Tijuana

Para muchos, el 'Día del Amor' es también el día de visitar su motel favorito. Por eso hablamos con tijuaneses que de manera anónima accedieron a relatar sus impresiones de estos lugares que esconden tantos secretos de los que han pasado por ahí.

Para Ana, el uso de moteles tiene diferentes motivos según la edad y condición de la persona.

"Yo identificaría como tres razones para ir" explica Ana: "la de 'no te queda de otra', porque no hay donde más; la de 'lo elijo por comodidad' y la de 'ahora por cambiar', después de los 20 años de la misma cama," explica, agregando que en su caso, está en la segunda categoría, que lo hace por experimentar.

Para Toño, los moteles son un recuerdo de cuando no tenía seguro en dónde ni con quién.

"Y entonces llegábamos y decían 'no manches, me traes a un motel'".

"No nací teniendo casa ni depa propio", dice Toño riendo, "así que hubo un tiempo que les decía a las morras después del bar 'oye, te invito a mi depa', ¿no?, y pues 'ah, pues vamos' y ¿cuál depa?, era un motelazo".

Toño cuenta que muchas se ofendieron pero hubo unas que accedieron e incluso hubo quien tuvo que pagar porque no pasó su tarjeta.

En Tijuana, el precio oscila entre los 200 hasta los mil pesos por una habitación para dos personas. Se cobra extra por persona adicional y se puede usar cuatro horas.

Los hay con jacuzzi, espejos en el techo y tubo para baile. Algunos incluyen cervezas y en casi todos hay servicio de licor y botanas. Lo que sí es indispensable es la cochera individual, eléctrica y con entrada directa a la habitación.


Daniela lleva 10 años casada, tiene un niño pequeño y ha encontrado ahí, tras esas cocheras, un lugar donde reencontrarse con su marido.

"Ya con el ajetreo diario, con la rutina, siempre es el mismo lugar y siempre cuando tratas de iniciar una relación romántica, pues no sé. Yo tengo un hijo...te interrumpen, se corta el ambiente; no se grita a gusto, pues..." explica Daniela, un poco apenada.

El administrador de un motel en la ciudad, quien pidió no ser grabado, dijo que en su negocio lo que venden no es tanto fantasía sino privacidad, y eso le gusta a todo el mundo.

La privacidad la proveen de muchas formas, incluso disfrazando el giro del negocio para ocultarlo con nombres ambiguos que no los identifiquen como moteles.

Un día, Daniela revisaba su estado de cuenta cuando encontró un cargo extraño.

"Me aparecía algo que yo pensé que me habían robado, o que me habían clonado mi tarjeta porque no identificaba el lugar. Tú sabes dónde haces tus gastos", comentó. Fue cuando Daniela habló con su marido. "Empezamos a hacer cuentas, la hora y todo y pues sí, sí era el motel", dijo.

Y es que sin importar que los haya por todos lados, el ser visto saliendo de un motel genera algo de morbo.

Paco confiesa que al pasar por un motel siempre voltea a ver la salida.

"Ves que un carro va saliendo y dices 'a ver quién es'. Siempre piensas que vas a encontrarte al vecino, la vecina, al tío, al amigo saliendo de un motel", mencionó.

La observación incluso puede ser una revelación. Paco dice que ha pensado que podría ver a su novia. "Depende lo celoso que seas, pero sí está muy chistoso que le toque el rojo o inclusive no puedan salir del motel y estén exactamente en la salida y tu estés enfrente de ellos así como que....'buenas tardes ¿ya viene feliz, ya se relajó?'.

La Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles tiene 80 agremiados en Tijuana. A decir de su vicepresidente Gonzalo Arreola, son "muchos de los chiquitos" que esperan buena ocupación este 14 de febrero, por ser viernes, quincena y además con lunes feriado para quienes trabajan en Estados Unidos.

Los moteles están por todos lados, salpicados entre comercios y hoteles más establecidos.

A diferencia de otras ciudades de México, en Tijuana los moteles no se limitan a las periferias o a una zona en particular. 

"Es como una subcultura", define Daniela, "o sea, mis amigas que están casadas...una vez una lo mencionó y ya todas nos destapamos y ahora sí, a escondiditas de los maridos ya nos hacemos recomendaciones".

El Premier por ejemplo, en plena zona comercial y a tres minutos del Palacio Municipal, es famoso por la recámara Tutankamón, especial para fiestas de hasta 12 personas.

En Los Pinos, ubicado en el fraccionamiento El Rubí, cada cuarto tiene un tema diferente. En la suite tropical las luces emulan un atardecer en la cabecera de la cama y en la suite Ice hay un columpio erótico y una pared llamada "rincón de los placeres y el tormento", equipada para practicar el bondage (que consiste en amarrar al compañero).


Valparaíso, en el libramiento Rosas Magallón, es fácil de ubicar por su decoración de cabezas de león doradas y fuente con una estatua en la entrada. Afuera hay jaulas en desuso, donde fácil cabría una persona, o dos.

A Gina, lo que la llama no es el columpio o el jacuzzi, sino la comodidad.

"Lo que a mí me gusta te estaría hablando de recámaras muy, muy cómodas que normalmente no tenemos en casa, sábanas planchadas y limpias," cuenta. "Además, como amante de la música, la cuestión de la tecnología, que yo soy muy fan de crear mis ambientes y que se conecte tu iPad con las bocinas y la tele", añadió.

Con precaución y espíritu aventurero, el explorar algún motel de la ciudad puede ser, este día del amor, una noche digna de anécdota.

Daniela, orientada por una terapeuta de parejas, ha incorporado la visita a moteles a su vida amorosa y lo recomienda.

"Yo lo que he hecho es que de repente secuestro a mi marido, 'vámonos' y pues no sé... eso ha mantenido la flamita después de ocho años ya juntos", dice justo antes de salir por su niño a la guardería.